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Por José Antonio del Moral
Fotografías: ©Dolores de Lara
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sector del público se encargó atinadamente de lograrlo contra el interés de la mayoría conformista y aborregada. El peor público taurino del mundo. En tal situación y con reses de dos ganaderías – increíble remiendo en tarde de tanto rumbo y categoría – El Juli fue mortificado sin que él osara responder ni se mostró tan resuelto y luchador como suele ante el peor lote aunque su segundo toro – de Garcigrande – se dejó sin más y nada por su violento genio el que abrió plaza. El otro del hierro sustituto fue el mejor y más noble de la tarde aunque sin romper del todo por feble y José María Manzanares, visible y compresiblemente nervioso a cuenta del follonero público, tampoco terminó de romperse ni capaz de redondear una entrecortada faena en varios pasajes elegantísima que, además, pinchó. Sendos pinchazos previos a sendas aunque no perfectas estocadas privaron a Miguel Ángel Perera de cortar una oreja de cada uno de sus toros – los dos del titular de Victoriano del Río – ante los que se mostró valentísimo y firmísimo pero no siempre templado, sobre todo en su emotiva faena al sexto que no cesó de embestir pegando cabezazos..
La irremediable plaza de Las Ventas hace ya muchos años que ha perdido el norte por su propia idiosincrasia – ruedo enorme, lidia costosa y lentísima que casi siempre perjudica cuando no arruina las posibilidades de las reses, ruidos mal interesados e incesantes - y el torpe pasotismo de los responsables. Si resulta difícil por sus consustanciales características, aún más por su público, últimamente de aluvión en su mayoría – ayer quizá más distinguida por tratarse de la corrida del año – desgraciadamente acostumbrada a ver toros permanentemente contrariados y molestados hasta lo indecible por el sector que últimamente lideran un par de individuos que no censan de gritar a los toreros mientras torean. Claro que, tales gritos, no siempre son tan insoportables como ayer, dada la condición de figuras de los alternantes. Yo no sé quienes son ni me importa. Pero el solo hecho de tener que soportarles sin que ni la autoridad ni nadie ose poner remedio a esta intolerable sinrazón, no es de recibo. La dimisión en cumplir lo que dice el reglamento respecto al comportamiento de los espectadores es tan clamorosa como injustificable. Bien están las protestas cuando los toros salen mal presentados o sin ninguna fuerza. Pero la interrupción vocinglera del toreo – sea cual sea – no se debía tolerar bajo ningún concepto y ayer lo fue más que en todas las corridas que llevamos padecidas salvo en las que actuaron los toreros predilectos de los reventadores a los que se les pasa todo pese a su ínfima categoría y nula destreza.
El Juli acostumbradamente luchador e inasequible a cualquier desaliento, no apareció ayer por ningún lado. Aunque entiendo que dimitiera frente al primer toro, un manso y poderoso animal inesperadamente violento y con mucho peligro, no comprendo que en vez de doblarse acorde con lo que el toro pedía y matarlo de inmediato, intentara torear formalmente sufriendo no pocos avisos de cogida lo que le hizo desistir ostensiblemente, dando la impresión contraria a la fama de poderoso que honra al gran torero madrileño. La permanente enemiga de sus paisanos debió afectarle tanto que ni siquiera con el cuarto de Garcigrande se aplicó Julián a fondo, limitándose a pasarlo con tanta facilidad como insuficiente compromiso. Así pues, vimos a un Juli simplemente aseado y sin mayores ilusiones, diametralmente contrario al torero que hemos visto este año en todas las ferias donde ha participado en el inicio de la temporada.
Manzanares necesita ya un gran triunfo en Madrid y ayer tampoco lo consiguió aunque su segundo toro de Garcigrande ofreció bastantes más posibilidades que el que el muy feble y enseguida venido a menos que mató en segundo lugar. También, como El Juli, sufrió la continua afrenta de los reventadores y, aunque intentó ignorarles, los gritos le afectaron en su fina y frágil sensibilidad. No en su gran clase, ni en su manera de torear mecido, ni en su proverbial elegancia y buen gusto, ni en su sentido innato del temple. Pero sí en la determinación que, en su particular caso, necesita de más atención y general cariño. Hasta hubo espectadores que, por una vez, se revelaron contra los que pretendían arruinar su moral, mientras espaciaba sus demasiado breves tandas que, fundamentó a derechas, aunque cuando más brilló su entrecortada labor fue en el precioso inicio de faena que incluyó un sublime cambio de mano traducido en un fastuoso pase de la firma, y en un adrede preparado final por ayudados al paso de sin igual donosura y torería. Pero la falta de redondez e insuficiente intensidad del, en cualquier caso, bonito trasteo, no acabó de calar en los que se quedaron con la miel en los labios. Para colmo, su infalible espada le falló ayer y el compromiso quedó saldado con simple ovación.
a Miguel Ángel Perera – una oreja de cada uno de sus dos toros – ayer el más decidido de la terna y quien más indudablemente apostó fiel a sus principios y valores. Aunque menos atinado en templar como acostumbra – ninguno de sus toros se prestaron con el capote ni luego tuvieron clase en la muleta – Miguel Ángel no ahorró ni un milímetro en el propósito de cuajarles faena, cosa que logró con el intachable valor y la absoluta firmeza que le caracterizan. Bueno aunque descastado por el lado derecho el tercer toro de Victoriano del Río, Perera lo toreó con profundidad y entrega, logrando la aquiescencia general de los espectadores, por fin reconfortados por el de Badajoz pese a lo poco que puso recrease al natural por donde el toro no humilló ni repitió. Además tardó muchísimo en doblar tras la estocada que, por muy trasera, no tuvo los rápidos efectos que quizá le hubieran dado una primera victoria. La impaciencia de muchos espectadores se hizo patente y la posible oreja se esfumó.
Su faena al sexto, pese a los enganchones que a veces la ensuciaron por lo cabeceante del toro en su embestir, fue más emotiva e importante. Ni una concesión al desánimo. Ni un solo paso atrás. Siempre adelante. Siempre en pos de poder por encima de cualquier otra cuestión. La terminó por angustiosas bernardinas que calentaron más la de por sí caliente obra y, la verdad sea dicha, aunque también pinchó Perera antes de agarrar la estocada, creo sinceramente que la presidencia debería haber accedido a conceder la oreja que muchos pidieron. Su actuación de conjunto la mereció. De todas formas, Perera fue el más claro vencedor de la jornada y quien mejor respondió a las expectativas de la tarde.---------------------------------------------------------------------------------------------
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estas corridas isidriles. Muy bien presentada la de Victorino Martín, apenas un par de toros dieron juego o pareció que lo darían, como el segundo, que terminó cambiando a peor tras un prometedor primer tercio del que salió lastimado. El mejor aunque solo por el pitón derecho fue el que abrió plaza, mal entendido por Diego Urdiales que ayer desmintió a todos los que le cantaron desaforadamente en su anterior actuación. El Cid continuó con el santo de espaldas y, una vez más, de vacío. Iván Fandiño por muy poco no terminó en el quirófano en su enternecedor despropósito de sustituir a El Fundi. La temeridad de su inclusión en este cartel no fue de recibo. Como tampoco el sospechoso callar de los reventadores que esta vez se las tragaron dobladas en su baldío intento de ayudar a sus favoritos mientras el resto de la plaza se enfadaba con toda la razón.
tercio y ello tras ser muy cuidado en varas por su escasa fuerza. Aunque esperó en banderillas, se creció en la muleta que tomó pronto y con veloz franquía por el lado derecho, dando oportunidad de triunfar a Diego Urdiales a quien no le funcionó la cabeza cuando, en vez de basar su faena en el mejor pitón del toro, se empeñó en pasarlo una y otra vez por el mucho peor izquierdo, rompiendo lo que en principio pareció iba a terminar dándoles la razón a todos los que tan desaforadamente cantaron su anterior actuación. No quiero cebarme. Pero es que ni siquiera en su más limpio aunque ecelerado torear por redondos se colocó bien ni ofreció el engaño cabalmente y solo en una breve tanda corrió la mano con donosura para terminar matando tarde y muy mal.
su vida, que todos e imagino que él más que nadie, estábamos deseando que por fin se rompiera una temporada que no ha empezado nada bien. Pareció que el segundo toro le iba devolver al sitio perdido. Su templado recibo por acompasadas y templadas verónicas así lo hizo presagiar. Pero tras un largo y enrevesado primer encuentro con el caballo al que derribó previo largo romaneo, debió lastimar al toro que salió del tercio muy cambiado a peor, como el mismo Cid pudo comprobar en el quite. No obstante, propició un brillante tercio de banderillas e incluso el excesivo lucimiento de El Boni que se pasó pegando media verónica tocando el costado del toro. Como también debió perjudicar al animal el palo que quedó clavado en el agujero de un puyazo aunque se lo sacaron antes de que El Cid iniciara su faena de muleta.


con la muleta, cambiándosela de mano en mano, con tanta habilidad y destreza que más bien parecía estar haciendo malabares. Al igual que los buenos boxeadores noqueadores, fijó las suelas de sus zapatillas a la rojiza arena del redondel y con pases de derecha e izquierda, templados, vistosos, ajustados –a veces con auténtico peligro para su integridad- llenos de desmesurada belleza, hizo que los aficionados se volvieran locos de emoción.








La feria de San Isidro estaba muerta y tuvo que venir Morante de la Puebla para resucitarla con su baile torero. Los diestros que completaban la terna, José Mari Manzanares y Rubén Pinar, que confirmaba la alternativa, se vieron eclipsados por el embrujo del matador andaluz.



Madrid. Plaza de Las Ventas. 19 de mayo de 2008. Tarde esplendorosa con lleno total. Seis toros de Núñez del Cuvillo, desigualmente presentados en tres y tres. Los primeros sin remate ni culata y los siguientes más cuajados. Salvo el quinto, que resultó muy bravo, encastado y noble pero exigentísimo, los demás sin fuerza ni raza por lo que se vinieron pronto abajo en mortecinas aunque nobles embestidas. El Juli (marino y oro): Estocada trasera y descabello, silencio. Estocada trasera algo atravesada y cuatro descabellos, silencio. El Cid (negro y oro): Tres pinchazos y bajonazo trasero, silencio tras algunos pitos. Pinchazo hondo y dos descabellos, ligera división. Miguel Ángel Perera (cobalto y oro): Estocada caída de efectos fulminantes, palmas. Pinchazo, casi entera y descabello, aviso y silencio. Muy bien en palos El Alcalareño. Asistieron en una barrera de sombra S.M. El Rey Don Juan Carlos y la Infanta Elena. Perera brindó al Rey el tercer toro y El Juli el cuarto.
A El Juli, ya se sabe, los reventadores de Las Ventas siempre intentan bajarle los humos, hacer lo imposible para que no triunfe y hasta, si lo consigue por todo lo alto como hace dos años con el bravo ejemplar de Victoriano del Río, quitarle como lograron la segunda oreja. Este año han vuelto a las andadas a la primera de cambio y como sus dos toros no trasmitieron nada, tanto su muy buen toreo de capa como su muy puro hacer con la muleta, no fueron tomados en cuenta. Como si quien lo hubiera hecho fuera cualquier pega pases. Ni un solo olé, ni una sola palma escuchó El Juli tras matar a sus dos toros.
en la última corrida de la Feria de Otoño, no es de recibo. Perera fue ayer objeto de sonoros “disparos” absolutamente intolerables. No me choca que le desconcentraran a la hora en entrar a matar aunque aparentemente no lo consiguieron durante la, por cierto, acertada lidia de su primer toro y sus dos faenas de muleta. La primera francamente buena, exacta, firmísima, ligada hasta que el toro repitió mínimamente y rematada por excelentes naturales de uno en uno por lo tardón que terminó el soso burel. Y la del sexto no tanto por excesivamente larga mientras el toro se diluía sin resuello tras iniciarla formidablemente con dos pases cambiados que ligó a sendos de pecho sin enmienda a los que siguieron una magnífica tanda por redondos, momento en que el toro empezó a racanear y a impedir que el trasteo tuviera continuidad y redondez. Hasta cuando quitó por impertérritas gaoneras al tercero se escucharon palmas de tango. Ya ha empezado, por tanto, Perera a padecer el peso de la púrpura en Madrid y ya veremos qué ocurre en las dos tardes que le quedan. Dado el excelente momento que vive tras superar todas las cornadas que lleva padecidas en pos de su indeclinable entrega, habrá que esperar que al menos tenga un toro suficientemente bravo y entero para que logre superar tan injusta adversidad.
La pierna del Tato se la llevó por delante la embestida de un toro, que no es lo mismo que el derrote avieso perpetrado contra la otrora primera plaza del mundo por aquellos que, precisamente, tienen la obligación y el deber de velar por su prestigio, que no es otro que el de la propia Fiesta.
descastados. Morante de la Puebla (de café y oro), silencio en los dos. Sebastián Castella (de lila y oro), oreja. Aviso y oreja. Alejandro Talavante (de verde y oro), aviso y silencio. Silencio. Curro Molina saludó tras poner dos pares de banderillas muy traseros al quinto de la tarde. El banderillero Rafael Cuesta fue herido por el cuarto de la tarde que le infirió una herida en el tercio superior del muslo derecho, con una trayectoria descendente de 25 centímetros, con destrozos en los músculos abductores.+copia.jpg)
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un coladero, porque no
existen aficionados serios y solventes, sino gente que va de verbena. Se va a pasar de un amargo tribunal inquisitorial, que trataba muy cruelmente a los toreros, a una tómbola de luz y de color. Los aficionados conocedores que hicieron de Madrid una plaza seria, educada y exigente se murieron hace años. Ahora ya no hay nadie. Y esa presidencia: después de estar durante años negando orejas merecidísimas, ahora las suelta con cuatro pañuelos.