12 de mayo y 2 de junio, el paréntesis se cierra. Dos corridas de toros y entre medias no sé cuántas tardes de ratas, de babosas, de cucarachas, de perros travestidos de toros para que unos desgraciados que odian la fiesta, que odian los toros, que se ríen de los que pagamos las entradas, se dediquen a poner posturas achuladas y ridículas a cambio de unas deleznables orejas que unos ignorantes les regalan porque les han enseñado que la maldita oreja, asqueroso apéndice con hoja de higuera, rabisaco, despuntado, hendido, horquilla, muesca, zarcillo, descuarte, punta de lanza, punta de espada, garabato, horqueta, rasgada o pendiente, es la expresión de que algo vieron, aunque no sepan qué es, de la goleada de la tarde. Se van a sus casas los pobrecillos y antes de llegar al metro no recuerdan ni un ardite de lo que pasó en la plaza, porque nada saben y nada les importa, pero al menos hubo orejas
12 de mayo de José Escolar y 2 de junio de Celestino Cuadri. ¡Al fin toros en Madrid! Y entremedias la hez, con dos o tres excepciones. Toros, decimos. Toros de lidia como los que mataron Pepe Hillo y El Chiclanero, como los que hicieron a las gentes pegarse en los cafés por El Gordito y El Tato, como los que tundió con su estoque soberano el gran Salvador Sánchez, El Negro, Frascuelo, torero de Madrid, toros de lidia mansos, bravos, encastados, fieros; toros que dan miedo y que son la base del espectáculo llamado ‘los toros’, toros que no dejan estar desahogadamente a su matador, que hostigan a los peones, que cambian durante la lidia, que derriban a los caballos, que se crecen en la pelea o que huyen, ¡qué más da!, toros que no se entregan, que en sus cuernos llevan la promesa de la cogida, de la inseguridad, toros listos para toreros machos y no para pintamonas que hacen posturas para desmayo de las damas, toros con dignidad que reclaman frente a ellos en sus doce minutos de vida pública un tío que les plante cara. Toros que reivindican la decencia de sus ganaderos, cuyo fin es criar toros, y el que venga atrás que arree.
La ganadería se llama Celestino Cuadri y su divisa es morada, amarilla y blanca. Los toros se laman Aragonés, Zapato, Aviador, Formal, Podador y Bolo, seis animales para proclamar la honradez de su criador, que trae Madrid una corrida de una presentación exquisita, que hasta los números y el hierro parecía que estaban rotulados y no grabados con un hierro candente, porque lo de ser un buen ganadero se nota en muchas cosas.
¿Por qué es que el torero poderoso o el triunfitos no se anuncian con esto? ¿Dónde está el truco? Nos quieren convencer desde la prensa, la radio y la TV de que July es un torero poderosísimo y de que Manzanares está que se sale. ¿Con qué toros? ¿Poderoso con el deleznable toro Adrián, al que mató July dándose importancia? ¿Triunfador Manzanares tirando líneas para delirio de las gentes y del chiripitifláutico Bergamín Arniches y arrugándose y viniéndose abajo ante el toro Fiestero, sólo porque tenía dos pitones? A otro perro con ese hueso. El contubernio de taurinos, apoderados, periodistas venales, revistosos del puchero, ganaduros, presidentes desprestigiados y demás gentuza reivindican cada día la babosa, ‘el toro bien hecho’, que dicen ellos y que significa la victoria del antitaurinismo o de los toros sin el toro. Menos mal que ahí estuvieron Escolar y Cuadri, como Custer rodeado por Toro Sentado, toro entregado, toro por los suelos, toro sin casta, toro sin honor, para decir al mundo y para el mundo: ¡Aquí aún permanece el toro! Para que los poderosos puedan demostrar su poder, para que los reyes del escalafón demuestren por qué están donde están., aunque nunca vienen.
Y, sin embargo, el que demostró el toreo no sale en las revistas ni le conoce nadie. Se llama Iván Fandiño y es torero. En la última tarde de la feria ha hecho lo que nadie: ha citado con una verdad espeluznante, a veces con el medio pecho, evocación de nuestra juventud de aficionados, otras en la rectitud del toro, como dice en las tauromaquias de Hillo y de Montes, con torería, con clasicismo, tratando de torear hacia adelante, invadiendo el terreno del toro. Bebe, acaso sin saberlo, de Gallito con los siete de Martínez, de Belmonte en la tarde del Montepío, de Chicuelo con Corchaíto, de Bienvenida en el Montepío del 55, de Antoñete con Cantinero, del gusto de Madrid cuando en Madrid se sabía de toros, cuando a él se le hubiese encumbrado y se hubiese echado a naranjazos de la plaza a cuatro caraduras que viniesen a reírse como July, Manzanares, Talavante o César Jiménez, que se han llevado una porquería de triunfos sin haberse cruzado ni una sola vez con esas babosas deleznables, sin haber toreado hacia adentro, sin haber dado un solo pase entre todos que hoy pueda tapar al peor de los que haya dado este ignoto Iván Fandiño, que en las tres tardes que ha hecho el paseo en Madrid ha dado tres aldabonazos de los que antes servían para poner a un torero en circulación. El placer de ver citar a este hombre con la verdad, la hombría y la torería que lo ha hecho, y eso frente a dos toros de respeto, vale más que todas las absurdas fruslerías de esa decepción llamada Manzanares o del cuento del ‘poderoso July’. Por mí, les pueden poner una calle en Sevilla o hacerles alcaldes a ambos, porque lo que ha traído a Madrid se resume en esto: N-A-D-A.
En Madrid, por más que les fastidie a todos los que viven de esto, el único que ha estado con la verdad del toreo eterno y frente a un toro de los que meten miedo se llama Iván Fandiño Barros, el auténtico triunfador de la feria de San Isidro que hoy ha terminado bajo la invocación, ¿por cuánto tiempo más?, del toro.
estas corridas isidriles. Muy bien presentada la de Victorino Martín, apenas un par de toros dieron juego o pareció que lo darían, como el segundo, que terminó cambiando a peor tras un prometedor primer tercio del que salió lastimado. El mejor aunque solo por el pitón derecho fue el que abrió plaza, mal entendido por Diego Urdiales que ayer desmintió a todos los que le cantaron desaforadamente en su anterior actuación. El Cid continuó con el santo de espaldas y, una vez más, de vacío. Iván Fandiño por muy poco no terminó en el quirófano en su enternecedor despropósito de sustituir a El Fundi. La temeridad de su inclusión en este cartel no fue de recibo. Como tampoco el sospechoso callar de los reventadores que esta vez se las tragaron dobladas en su baldío intento de ayudar a sus favoritos mientras el resto de la plaza se enfadaba con toda la razón.
tercio y ello tras ser muy cuidado en varas por su escasa fuerza. Aunque esperó en banderillas, se creció en la muleta que tomó pronto y con veloz franquía por el lado derecho, dando oportunidad de triunfar a Diego Urdiales a quien no le funcionó la cabeza cuando, en vez de basar su faena en el mejor pitón del toro, se empeñó en pasarlo una y otra vez por el mucho peor izquierdo, rompiendo lo que en principio pareció iba a terminar dándoles la razón a todos los que tan desaforadamente cantaron su anterior actuación. No quiero cebarme. Pero es que ni siquiera en su más limpio aunque ecelerado torear por redondos se colocó bien ni ofreció el engaño cabalmente y solo en una breve tanda corrió la mano con donosura para terminar matando tarde y muy mal.
su vida, que todos e imagino que él más que nadie, estábamos deseando que por fin se rompiera una temporada que no ha empezado nada bien. Pareció que el segundo toro le iba devolver al sitio perdido. Su templado recibo por acompasadas y templadas verónicas así lo hizo presagiar. Pero tras un largo y enrevesado primer encuentro con el caballo al que derribó previo largo romaneo, debió lastimar al toro que salió del tercio muy cambiado a peor, como el mismo Cid pudo comprobar en el quite. No obstante, propició un brillante tercio de banderillas e incluso el excesivo lucimiento de El Boni que se pasó pegando media verónica tocando el costado del toro. Como también debió perjudicar al animal el palo que quedó clavado en el agujero de un puyazo aunque se lo sacaron antes de que El Cid iniciara su faena de muleta.


La feria de San Isidro estaba muerta y tuvo que venir Morante de la Puebla para resucitarla con su baile torero. Los diestros que completaban la terna, José Mari Manzanares y Rubén Pinar, que confirmaba la alternativa, se vieron eclipsados por el embrujo del matador andaluz.



Madrid. Plaza de Las Ventas. 19 de mayo de 2008. Tarde esplendorosa con lleno total. Seis toros de Núñez del Cuvillo, desigualmente presentados en tres y tres. Los primeros sin remate ni culata y los siguientes más cuajados. Salvo el quinto, que resultó muy bravo, encastado y noble pero exigentísimo, los demás sin fuerza ni raza por lo que se vinieron pronto abajo en mortecinas aunque nobles embestidas. El Juli (marino y oro): Estocada trasera y descabello, silencio. Estocada trasera algo atravesada y cuatro descabellos, silencio. El Cid (negro y oro): Tres pinchazos y bajonazo trasero, silencio tras algunos pitos. Pinchazo hondo y dos descabellos, ligera división. Miguel Ángel Perera (cobalto y oro): Estocada caída de efectos fulminantes, palmas. Pinchazo, casi entera y descabello, aviso y silencio. Muy bien en palos El Alcalareño. Asistieron en una barrera de sombra S.M. El Rey Don Juan Carlos y la Infanta Elena. Perera brindó al Rey el tercer toro y El Juli el cuarto.
A El Juli, ya se sabe, los reventadores de Las Ventas siempre intentan bajarle los humos, hacer lo imposible para que no triunfe y hasta, si lo consigue por todo lo alto como hace dos años con el bravo ejemplar de Victoriano del Río, quitarle como lograron la segunda oreja. Este año han vuelto a las andadas a la primera de cambio y como sus dos toros no trasmitieron nada, tanto su muy buen toreo de capa como su muy puro hacer con la muleta, no fueron tomados en cuenta. Como si quien lo hubiera hecho fuera cualquier pega pases. Ni un solo olé, ni una sola palma escuchó El Juli tras matar a sus dos toros.
en la última corrida de la Feria de Otoño, no es de recibo. Perera fue ayer objeto de sonoros “disparos” absolutamente intolerables. No me choca que le desconcentraran a la hora en entrar a matar aunque aparentemente no lo consiguieron durante la, por cierto, acertada lidia de su primer toro y sus dos faenas de muleta. La primera francamente buena, exacta, firmísima, ligada hasta que el toro repitió mínimamente y rematada por excelentes naturales de uno en uno por lo tardón que terminó el soso burel. Y la del sexto no tanto por excesivamente larga mientras el toro se diluía sin resuello tras iniciarla formidablemente con dos pases cambiados que ligó a sendos de pecho sin enmienda a los que siguieron una magnífica tanda por redondos, momento en que el toro empezó a racanear y a impedir que el trasteo tuviera continuidad y redondez. Hasta cuando quitó por impertérritas gaoneras al tercero se escucharon palmas de tango. Ya ha empezado, por tanto, Perera a padecer el peso de la púrpura en Madrid y ya veremos qué ocurre en las dos tardes que le quedan. Dado el excelente momento que vive tras superar todas las cornadas que lleva padecidas en pos de su indeclinable entrega, habrá que esperar que al menos tenga un toro suficientemente bravo y entero para que logre superar tan injusta adversidad.
descastados. Morante de la Puebla (de café y oro), silencio en los dos. Sebastián Castella (de lila y oro), oreja. Aviso y oreja. Alejandro Talavante (de verde y oro), aviso y silencio. Silencio. Curro Molina saludó tras poner dos pares de banderillas muy traseros al quinto de la tarde. El banderillero Rafael Cuesta fue herido por el cuarto de la tarde que le infirió una herida en el tercio superior del muslo derecho, con una trayectoria descendente de 25 centímetros, con destrozos en los músculos abductores.+copia.jpg)
+copia.jpg)
+copia.jpg)
+copia.jpg)
un coladero, porque no
existen aficionados serios y solventes, sino gente que va de verbena. Se va a pasar de un amargo tribunal inquisitorial, que trataba muy cruelmente a los toreros, a una tómbola de luz y de color. Los aficionados conocedores que hicieron de Madrid una plaza seria, educada y exigente se murieron hace años. Ahora ya no hay nadie. Y esa presidencia: después de estar durante años negando orejas merecidísimas, ahora las suelta con cuatro pañuelos.