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lunes, 18 de mayo de 2009

¡Adiós,…Madrid!

Por Don Nicanor
Fotografía: © Dolores de Lara

Así exclamó El Tato, aquel grandioso Antonio Sánchez, cuando le amputaron una pierna por causa de una cornada en la capital de España. Así clama al cielo el abonado de Las Ventas, el sufrido aficionado cuando le siegan la dignidad a su plaza y le destierran de ella.
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La pierna del Tato se la llevó por delante la embestida de un toro, que no es lo mismo que el derrote avieso perpetrado contra la otrora primera plaza del mundo por aquellos que, precisamente, tienen la obligación y el deber de velar por su prestigio, que no es otro que el de la propia Fiesta.

La plaza de toros de Madrid, la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo, no sólo es una plaza de primera categoría, sino que debe ostentar la primacía en el toreo como referencia para el orbe taurino, como tribunal que examina, califica y valora a los protagonistas de los distintos estamentos profesionales que a ella concurren.
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Las competencias sobre la adecuada explotación del coso y la aplicación de la norma jurídica sobre el espectáculo están tan claramente definidas como notorio resulta su incumplimiento. Las miradas apuntan al máximo responsable, que no es otro que el Consejo Taurino de la Comunidad Autónoma de Madrid, cuya inepta composición resolvió un Concurso de adjudicación de forma sospechosa, objeto de demandas judiciales y de denuncias periodísticas que de nada sirvieron. Ello conlleva a la inequívoca connivencia con las irregularidades empresariales en la gestión de Las Ventas, también reflejadas por la prensa especializada en su día, y la desidia en la formación y designación de los equipos gubernativos taurinos, que engloban a funcionarios de policía y veterinarios para un correcto proceder reglamentario.
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El resultado no podía ser otro que el que se viene produciendo año tras año. Es decir, un claro desprecio al abonado venteño por el continuo atentado al normal funcionamiento de la única plaza de temporada del mundo en cuanto a la calidad de su programación y que origina la rechifla general.

La aniquilación de una consolidada y exitosa feria de novilladas en los festejos oficiales de la C.A.M, unido a la degradación del abono de San Isidro con el recorte injustificado del número de festejos, remendado con un supuesto ferial de no se sabe qué aniversario, y la paulatina e inexplicable permisividad de la autoridad en los reconocimientos facultativos de la reses, y en el palco presidencial.
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El colofón del desprestigio llega con la aprobación de los carteles de este San Isidro por el nefasto Consejo Taurino de la C.A.M.

La contestación se ha transformado en protesta indignada por los aficionados e, incluso, con exhibición de pancartas en los tendidos de la plaza. Pero no pasa nada, qué va a pasar. Los Consejeros no se encuentran, los abonados han desertado, los taurinos a lo suyo, y la autoridad cómplice aprobando toros de escaso trapío, impropios de la primera plaza del mundo, y concediendo orejas de verbena unas, y prescindibles otras, sobre todo cuando suponen el excepcional premio de la salida a hombros por la Puerta Grande de la Catedral del Toreo.
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Todo ello ante un público distinto cada tarde. A veces de talanquera, y a veces de clavel, pero sin criterio, propicio al timo de la estampita, desde el necio jolgorio al silencio de los corderos. Ya dijo Ortega y Gasset que, si alguien quiere saber cómo está España, pues que vaya a ver una corrida de toros, pero digo yo que mejor en Las Ventas, para que se entere bien.

Cuentan las crónicas que la pierna del Tato se conservó durante un tiempo en un frasco con formol, expuesto al público, en una farmacia de la calle de Desengaño de Madrid, hasta que un incendio acabó con el inmueble. La gente, alarmada, salió de sus casas para apagarlo, gritando: “¡La pierna del Tato, hay que salvar la pierna del Tato!” ¿Ustedes creen que hoy en día alguien iba a salir clamando “¡Hay que salvar a Las Ventas!”?¡Adiós,….Madrid!

lunes, 20 de abril de 2009

CORRIDA CONCURSO DE GANADERÍAS EN LA PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS DE MADRID

Concurso de mansedumbre
Por Don Nicanor
Fotografías: (c)Dolores de Lara

Domingo 19 Abril 2009.- No es fácil recordar una buena corrida concurso de ganaderías de las celebradas en Madrid, aunque no resulta difícil afirmar que la de hoy domingo ha sido la más infumable. El escaso público que acudió con visos de asistencia clandestina, dada la invisible publicidad del festejo, aguantó con paciencia de buenos aficionados el desfile de reses de sangre santacolmeña que no hicieron más que confirmar el decepcionante estado en que se encuentra este ancaste.

Apenas sí pasaron el fielato del caballo, y sus embestidas, más bien arreones, en los primeros tercios descompusieron a los lidiadores que también se apuntaron a su particular concurso de despropósitos.
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El último tercio fue una sucesiva demostración de esquivar los cabezazos de los bovinos concursantes desde el lidiado en primer lugar de Juan Luis Fraile, hasta el último toro ¿? De Mayoral, siendo más compasivo con los espadas el de Cuadri.

Visto lo visto, los seis toros concursaron en mansedumbre, y algunos de ellos como el de Saltillo, o del Escolar, o como el morucho de Mayoral mostraban viles apetencias por las femorales de los esforzados toreros que vieron estrelladas sus ilusiones de meritar para una posible sustitución en el penoso serial del inminente San Isidro.




El coraje del manchego Aníbal Ruiz, el buen estilo del albaceteño Sergio Martínez, y la firmeza del mañico Jesús Millán, afloraron con valor ante el manso y descastado encierro. ¡Huele a hule! gritó un castizo; ¡a cloroformo huelo yo! Le contestó otro de la grada. Allá en la plaza, a lo que olía era a chamusqina desde que el toro de Adolfo Martín fue jaleado en el caballo y aplaudido en el arrastre por la gente del famoso tendido que dirige la Monumental madrileña, aunque hoy haya de apuntarse un fracaso por la mala organización de esta penosa pésima corrida. El aviso a navegantes ya había sido dado, y tan bien recogido fue por un jurado de sorprendente composición, que sin dilación resolvió fallar a favor del toro de la ganadería de Adolfo Martín, ¿por qué?, pues por eso de la chamusquina, es de suponer.