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sábado, 28 de agosto de 2010

7ª DE BILBAO: ABURRIMIENTO Y DECEPCIÓN / Por José Atº del Moral

Morante, El Juli, y Manzanares

28.08.2010
7ª de las Corridas Generales en Bilbao. Aburrimiento y decepción

Tarde gris y desabrida sin buenos toros en una vulgar corrida de Zalduendo remendada con dos sobreros de Torrealta que tampoco dieron juego y menos tras el excesivo castigo que sufrieron en varas. Morante también toleró que le mataran a los titulares devueltos y, a la postre, para andar en plan tunante y haciendo que quería sin querer. Petardo pues del gran artista. El Juli, muy responsable, trabajó mucho y bien pero tampoco tuvo su mejor día. Y Manzanares, muy entregado y hasta inspirado aunque irresoluto, se tapó con su gran clase.

Por José Antonio del Moral

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. Viernes 27 de agosto de 2010. Séptima de feria. Tarde progresivamente nublada y fresca con viento y más de tres cuartos de entrada.

Cuatro toros de Zalduendo, bien aunque desigualmente presentados Por devolución del primero, un sobrero de Torrealta, jabonero de bella estampa pero sin fuerza ni clase aunque manejable. Y por devolución de cuarto tras ser masacrado en varas pese a su flojera, otro sobrero de Torrealta, girón, alto, largo, sin cara y manso. De los de Zalduendo, el segundo resultó manejable, tardón y sin clase. El tercero, noblote pero informal y rajado a media faena. El más serio quinto, enclenque y deslucidísimo. Y el sexto, aunque pareció bravo y noble en los primeros tercios, no lo fue en la muleta.

Morante de la Puebla (amapola y oro): Estocada baja ladeada, silencio tras más pitos que palmas; corta trasera atravesada y descabello, bronca.

El Juli (añil y oro): Pinchazo, estocada muy caída y descabello, palmas con saludos; pinchazo y estoconazo, gran ovación.

José María Manzanares (tabaco y oro): Pinchazo y media tendida desprendida, aviso y ovación con salida al tercio; pinchazo, metisaca y gran estocada, palmas. Bien en palos, Juan José Trujillo, Luís Blázquez y Emilio Fernández hijo. El Niño de Leganés fue alcanzado tras poner un par de banderillas recibiendo un puntazo en la cara y una cornada en la axila.

Días de mucho, vísperas de nada o de casi nada. Cambió repentinamente el clima que nos traía asfixiados de calor y, en pocas horas, empezó a soplar el frío norte e incluso amenazó llover durante la lidia del tercer toro, mientras la tarde, se perdía irremisiblemente con un Morante desdichado y muy mal lidiador e inaguantable. Los ánimos apenas se levantaron con un muy trabajador y responsable Juli y con los ímprobos deseos de José María Manzanares que intentó taparse con su gran clase. Pero no rompió ningún toro ni vimos una sola faena digna de tal nombre aunque tanto el madrileño como el alicantino se empeñaron en conseguirlo un tanto baldíamente. Con mejor expresividad Manzanares y vastísimo El Juli que esta vez tuvo que enseñar demasiado los tirantes.

La mayor decepción llegó a cuenta del otra vez esperadísimo Morante de la Puebla. Espera que puede explicarse por lo mucho que todos hemos cantado sus tardes y hasta sus momentos de inspiración y de gloria. Sin embargo, no hay que hacerse grandes ilusiones porque por mucho que reconozcamos al de la Puebla como el artista con más valor y mejor técnica de los toreros de su corte que hayan existido en la historia, nunca será un gran lidiador ni un maestro del toreo. Por eso no me gustan estas malas tardes de Morante en las que se refugia en un cínico querer después de cargarse a sus toros en el caballo y ayer, no solo a las reses titulares de Zalduendo que fueron devueltas a los corrales, también a los sobreros de Torrealta que los reemplazaron. Cambios que, además, buscó Morante a cualquier costa para luego tampoco hacerles nada que mereciera la más mínima pena. Muy mal, pues, Morante que fue duramente abroncado tras matar al cuarto toro y con más saña al abandonar la plaza.

El Juli luchó denodadamente contra el mal estilo de sus dos toros y con mayor ahínco frente al quinto por ver si podía mejorar su pésima condición, pero fue imposible en una sucesión de muletazos tan pronto limpios como sucios y sin orden ni concierto. Viéndole en el fragor de la batalla, de no haber sido Julián López quien estaba allí, no lo habría reconocido casi nadie. Labor ciertamente efectiva pero estéticamente horrible. Los bilbaínos se lo agradecieron con sendas grandes ovaciones por ser vos quien sois.

Y Manzanares otro tanto aunque mejor tapado por como envolvió todo con su gran porte y sus exquisitas maneras que evidenció en su desigual faena al tercero, y en el valiente, variado y brillante recibo de capa al sexto toro, dos largas cambiadas de apertura incluidas. Un toro que luego engañó a todos durante una faena iniciada con grandes esperanzas demasiado pronto defraudadas.

EL QUITE DE DOMINGO

Los del valor a mandar y los del arte a acompañar

Como últimamente estoy muy decimonónico, hoy me viene al pelo una sentencia de Guerrita. Rafael Guerra sentenció: “Los del valor a mandar y los del arte a acompañar”. Un aforismo muy cierto. Los toreros artistas ilusionan al aficionado, de vez en cuando hacen algo digno de ser recordado. Pero los que tiran del carro y los que mantienen el pulso de la temporada, son los toreros que tienen valor, los capaces de estar bien con todos los toros y de cumplir todos los días, dejando al público satisfecho. Ayer en Bilbao se comprobó: ante una corrida muy descastada de Zalduendo, la lección torera que dio El Juli brilló muy por encima de las actuaciones de Morante y de Manzanares. Solo el torero muy valiente tiene la capacidad de hacer esfuerzos todos los días, con los toros buenos y con los toros malos, y de lucir la técnica necesaria para hacer faena a cualquier clase de astado. Y en esto está El Juli.

Quien manda en el toreo actualmente es El Juli. Podría decirse que El Juli manda en el toreo, que José Tomás es una anécdota brillante, que el mejor torero es Ponce, y que Morante juega en otra división...

La corrida de Zalduendo fue un asco. Y todos nos lo temíamos. Esta ganadería lleva dos años muy malos, llenos de decepciones en los principales cosos. No era aconsejable traer estos toros a la Feria de Bilbao. Sí: es cierto que la última vez que Zalduendo lidió en este coso, regaló una gran corrida. Pero eso fue en el año 2006. Después Zalduendo ha iniciado una cuesta abajo irrefrenable y se encuentra ahora en un pésimo momento. La de ayer fue una corrida dechado de invalidez y de poca raza. Los sobreros de Torrealta, por su parte, tampoco tuvieron buen nivel.

La presentación de la corrida dejó también mucho que desear. Se trataba de una auténtica escalera: un toro bastísimo, el cuarto; dos toros ni fu ni fa, y otros tres muy bonitos, pero más apropiados para una plaza de segunda que para la plaza de Bilbao. Fue El Juli quien salvó la tarde.

El Juli estuvo muy bien con su primero al que recibió con templadísimas verónicas, y al que luego toreó con su mando y su poderío característicos en series muy bien trazadas de muletazos por abajo. Tiene este torero tal poderío que domina lo que le echen, aunque ciertamente este toro no tenía mucho que dominar. Pero vemos a El Juli, una tarde sí y otra también, imponer el mismo toreo largo y mandón a toda clase de animales. El Juli los torea, los torea, los torea... con tal dominio que llega un momento en que el toro dimite. Faena, pues muy poderosa a su primero, llena de temple y mando, emborronada lamentablemente con la espada. Un pinchazo y un feo bajonazo privaron a El Juli de una muy merecida oreja.

Con el quinto también estuvo muy bien. Si el segundo fue el mejorcito de la corrida, el quinto era un toro muy desagradable. Debido a su poca fuerza se defendió mucho y dio muchos cabezazos. Pero a pesar de esta dificultad, El Juli asentó las zapatillas como si estuviera delante de un toro boyante, echó la muleta al hocico con la misma sinceridad de siempre, y consiguió, cosa dificilísima, sacar muchos muletazos templados y ligados, eso que el toro estuvo siempre defendiéndose.

Quizá la importancia de la faena del Juli a este quinto no llegó al tendido, pero fue una faena muy expuesta y de gran brillantez técnica porque el toro protestaba siempre y El Juli le dio todas las oportunidades para cogerlo. Mucha gente no se percató de la calidad de la faena precisamente por la sosería y la media arrancada del toro... Y también a este lo mató mal. Una lástima, porque había dado toda una lección. Y con El Juli comenzó y terminó la corrida.

Morante de la Puebla se presentó esta vez muy guapo, vestido con un bonito grana y oro. Cosa que se agradece, porque un primer espada no puede sacar los vestidos tan espantosos que Morante viene sacando de vez en cuando: esos vestidos de pasamanería blanca, más propios de un banderillero mejicano que de una primera figura. Ayer, pues, Morante llevaba un grana y oro precioso. Pero prácticamente lo único que hizo fue eso: lucir el vestido.

A su primero Morante le dio una bonita verónica, pero el toro se hundió y fue devuelto. Salió en su lugar un sobrero jabonero de Torrealta sin clase y que embestía siempre con la cara arriba. Algún natural aceptable logró, pero el bajonazo con que lo mató fue espantoso. El cuarto era un zambombo de Zalduendo descomunal. Toro feísimo, más propio de las capeas de Levante que de una plaza de primera. Resultó inválido y fue sustituido por otro Torrealta, manso y huido que no gustó a Morante. El toro llegó muy aplomado a la muleta y Morante decidió quitárselo de en medio sin contemplaciones. Recibió una bronca de la plaza bilbaína, cuyo público es muy amable y agradable, pero que no tolera (yo lo comprendo) que los toreros se inhiban. Sigue, pues Morante con la asignatura pendiente de Bilbao.

No me gustó nada José María Manzanares en su primero, un toro que se defendía por la poca fuerza. Manzanares está más pendiente de componer la figura que de llevar a los toros toreados. Y al no someterlo, hizo que alguna vez el toro diera cabezazos muy bruscos, de los que alguno pudo llegarle a la cara. Faena sin aplomo ni asentamiento: el toro fue siempre por donde le dio la gana mientras Manzanares, en lugar de intentar embarcarlo por abajo, se limitaba a componer la figura. En un momento dado el toro se rajó y entonces fue un desastre: muletazos por todos los terrenos de la plaza. El toro hacía lo que le venía en gana y Manzanares se limitaba a ir detrás del toro.

El sexto se paró completamente y no dio la menor opción. El público de Bilbao está con Manzanares, deslumbrado por su empaque, pero todavía no ha visto a este torero cuajar una faena auténticamente buena como las que le hemos visto en otras plazas. Habrá que seguir esperando.

Y otra tarde más las cuadrillas han rayado a muy buen nivel. Curro Javier, Emilio Fernández, Juan José Trujillo, Niño de Leganés (jugándose la cara), pusieron muy buenos pares de banderillas. Y es que los subalternos de las figuras son los mejores.


Julián López El Juli

Morante de la Puebla Fue a Bilbao....a descansar

Fotografías: Burladero.com

viernes, 27 de agosto de 2010

BILBAO: LLENAZO PARA LOS TRES MÁS GRANDES, PONCE, EL JULI, Y MANZANARES


Por José Antonio del Moral
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. Jueves 26 de agosto de 2010. Tarde nublada y bochornosa con lleno total.
Cinco toros de El Ventorrillo, magníficamente presentados en desigualdad de pesos, bien armados y astifinos. De juego desigual y poca fuerza en general. El primero, muy blando, corto de viajes y metiéndose por los dos pitones. Al segundo, también débil, aunque no le hicieron ni cosquillas en el caballo, se rajó muy pronto. El tercero, alto de agujas, tampoco le sobró la fuerza pero resultó noble, fue largo por el lado izquierdo y finalmente por el derecho aunque a media altura. El enorme cuarto, un camión, resultó noblote por el lado derecho, por el izquierdo arrolló con peligro, no humilló nunca y se rajó en seguida. El veletísimo quinto, huido de salida y lastimado tras intentar saltar, fue devuelto y sustituido por un sobrero de Ortigao Costa que pese a su justa fuerza, resultó más que aprovechable en las manos de quien lo mató. Fue el toro más grato de los siete. Y algo remolón pero muy noble por ambos lados el sexto.
Enrique Ponce (marino y oro): Estocada muy caída, silencio; estoconazo muy caído, aviso, petición de oreja y vuelta clamorosa seguida de bronca al palco.
El Juli (tabaco y oro): Estocada muy caída trasera, silencio; estoconazo caído, oreja in-extremis.
José María Manzanares (carmelita y oro): Estocada corta arriba que se hunde y tres descabellos, aviso y gran ovación tras otra para el toro; gran estocada desprendida, oreja y petición de otra.
Muy bien en palos Juan José Trujillo

El imponente aspecto que presentó ayer la gran plaza de Vista Alegre fue un inapelable mentís a los que están cantando el próximo final de la Fiesta. Que en la capital efectiva del País Vasco se vuelquen masivamente la afición y el público en general, es una de las alegrías más grandes que hemos tenido en la presente temporada. La ocasión para tanta asistencia era lógica porque con un corridón de toros actuaban nada menos que Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares, la cúpula del toreo actual en tres edades y versiones.
Luego, el juego que dieron los toros para bien o para mal, determinó el desarrollo artístico del festejo conforme a la suerte y a la habilidad de cada cual. No en vano eran tres consumados maestros los que compitieron. Enrique Ponce desde su indiscutible y permanente autoridad. El Juli en la mejor temporada de su vida. Y José María Manzanares en la de su definitiva consagración pese a su juventud. Los tres vinieron a dar la cara como corresponde a su categoría y a fe que lo cumplieron.
Pero no empezó nada bien la corrida con un primer toro para Ponce tan hermoso como blando y deslucido que, además, desarrolló malas intenciones por los dos lados. Tampoco tuvo suerte ElJuli con el segundo, más noble que el anterior pero de inmediato rajado, lo que desilusionó demasiado pronto al madrileño y me chocó. Debió intentar sujetarlo en tablas y torearlo en esos incómodos terrenos.
Menos mal que con el tercero cambió el rumbo de la tarde para bien porque este animal se prestó por ambos pitones aunque no para tirar cohetes. Quién sí los tiró fue José María Manzanares con una faena muy bien estructurada y a más sobre ambas manos, fundamentalmente con la derecha en series de redondos a cada cual más empacados, sin que faltaran soberbios muletazos de remate, aterciopelados adornos y sus andares imperiales que parecen no ser nada pero valen millones. Lástima que fallara con el descabello porque la oreja le había ganado con creces.
Y llegó Ponce con el cuarto, un altísimo camionazo negro que debió pesar 100 kilos más de los 608 con que le anunciaron y que, sin ser un barrabás, empezó embistiendo sosamente y sin humillar nada, defectos que mantuvo luego cuando, rajado por completo, se refugió en tablas. Ponce, que había enseñado a embestir cada vez más largo a su oponente con la mano derecha hasta meterlo por completo en la muleta, lejos de aburrirse al ver como el toro huía de cada pase, se fue a refugio del animal y ese fue su más lúcido acierto. Porque fue junto a los tableros en donde planteó la batalla y la ganó victorioso y enrazado a base de valor, firmeza, temple y esa manera de mandar que tiene el valenciano dando la impresión de que cualquier dificultad para él resulta la cosa más fácil del mundo. Eso explica que muchos no le den mérito, incluida la mayor parte de la actual crítica que es la más indocumentada de la historia. Y si quieren comprobarlo, lean a todos hoy en cuanto puedan.
Ponce Imantó al toro y ligó los pases como si fueran uno solo ganando siempre un paso a cada muletazo y, aunque costó que el animal cuadrara, dejó una estocada entera muy caída, a lo que se agarró la presidencia para negar un muy solicitado trofeo, dando luego Ponce una vuelta clamorosa con tanta fuerza como si hubiera cortado dos por lo realizado por el incombustible figurón de esta época que va ya para veinte años y a punto de cumplir su corrida de toros número 2000 en la próxima Corrida Goyesca de Ronda. Sí, he dicho 2000 para que se enteren los que se han pasado este año diciendo que se tiene que ir o que está ido. Esta es la imbecilidad más grande que se ha cometido esta temporada y a las pruebas me remito, mientras el sujeto que encabeza la campaña antiponcista, no ha cesado de maquillar los muchos petardos que ha pegado su último protegido – Le Cocq – con los toros mejores de todas las grandes ferias – se le han ido todos - por orden de sus apoderados. Por cierto y esto lo saben muy pocos, también inspiradores del mismo en otra campaña para conseguir apoderar a Morante. Pero por qué creen que el ínclito la tiene montada por encargo con Curro Vázquez al que adoraba, falsamente, claro. Que me meta yo con él es coherente con lo que siempre he dicho desde que su hermanito apoderaba Francisco Rivera hasta que lo expulsó el abuelo Ordóñez. Pero que lo haga el ínclito, es como para mear y no echar gota.
La clamorosa vuelta al ruedo que dio Ponce, la podría haber dado con igual clamor El Juli tras matar de espadazo caído al quinto, lo que no tomó en cuenta el riguroso palco para darle una oreja que el madrileño paseó sin fuerza. Este error presidencial limitó el entusiasmo con que el público había contemplado la completísima y muy buena faena que hizo El Juli, una más de las muchas excelentes que viene realizando este año frente al remiso aunque muy noble sobrero de Ortigao Costa, a base de tirar mucho y muy bien del toro en cada pase de los muchos que pegó con la hondura y la largura que le caracterizan.
El colofón de tan magno evento, lo puso Manzanares con un sexto toro que, pese a remolonear en los primeros tercios, rompió con creciente ritmo en la muleta, permitiendo explayarse a Manzanares tanto por redondos como al natural que enjaretó meciéndose y acompañando con el cuerpo cada viaje del animal como ahora mismo solo él lo hace hasta redondear el trasteo mejor cumplido de la jornada, cerrado además con un estoconazo de fulminante ejecución que también fue el mejor que se pegó ayer y quizá de toda la feria. La oreja que le dieron también fue la pedida con más pañuelos y como la gente ya estaba embalada, le pidieron otra que no se concedió. Yo la hubiera dado porque como un día me dijo el gran presidente de las Ventas don Pedro Torres Guerrero, en caso de duda siempre hay que favorecer a hombre.
Y los tres más grandes, salieron de la plaza como lo que son y la gente totalmente satisfecha salvo unos cuantos idiotas que se las dan de listos.
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Coda después de haber visto la faena de Ponce por televisión, en diferido, y leído a casi toda la prensa
Llevo más 50 años viendo toros y más de 40 hablando y/o escribiendo sobre las casi 200 corridas que veo cada año. He leído y oído muchísimas ridiculeces. Pero lo que leí anoche a Mario Juárez en su “burladero” calificando al cuarto toro de El Ventorrillo que mató ayer Ponce de “impropio” de Bilbao, es la más grande estulticia de todas. Aunque esto es lo de menos viniendo de quien viene. También me partí de risa cuando escuché al nuevo fichaje de la “capea radiofónica” que sigue pagando Caja Duero pese a la crisis. Un tal Polo Sánchez, cuando dijo que los toros de ayer no tuvieron emoción. De cachondeo y a la vez de vergüenza.
Les recomiendo que vean el vídeo de la importantísima faena de Ponce, una de las más meritorias de su vida, como también se lo recomiendo al presidente don Matías para que también se le caiga la cara de vergüenza por no haber premiado una de las faenas más impresionantes de muchas temporadas. Y lo mismo a los queridos o no queridos compañeros que, en cuanto les lea hoy, voy a citar aquí mismo en cuanto pueda…


EL QUITE DE DOMINGO
Lagartijo, Guerrita y Antonio Fuentes torearon ayer en Bilbao

En esta temporada estamos asistiendo a una situación muy parecida a la de los últimos años de Lagartijo el Grande. El bravo Frascuelo había quedado fuera de combate por la cornada del toro “Peluquero”. Lagartijo se resistía a ceder el cetro del toreo mientras Guerrita, lleno de ambición, lo acosaba ansioso por destronarlo. Sustituyan el nombre de Frascuelo por el de José Tomás; el de Lagartijo por el de Enrique Ponce, y el de Guerrita por el de El Juli, y se encontrarán con que, más de un siglo después, estamos ante una situación parecida.
Julián López el Juli salía siempre acomplejado cuando toreaba junto Enrique Ponce. Pero ha perdido totalmente el complejo, y ahora sale especialmente motivado cuando torea con él. Pero Ponce no está por la labor de dejarse ganar la pelea, y todos los días pugna por estar mejor que su rival. Lo que sucedía entre Lagartijo en sus últimos años y un Guerrita crecido.
Esta es la salsa de la temporada, su intríngulis. El interés de la temporada se está basando en los encuentros de Ponce y El Juli. Otra cosa es que la prensa adicta al josetomasismo se niegue a contarlo. Da la impresión de que, como no está José Tomás, todo lo demás carece de valor e interés, y hay que callar todo lo bueno que está sucediendo. Pero los encuentros entre Ponce y El Juli están siendo del máximo interés para el aficionado.
Los toreros de la nueva generación nos han colmado de decepciones. Pero Ponce y El Juli siguen a los suyo peleando en la cumbre. Lo lamentable es que no haya unos periodistas capaces de contarlo. El Juli normalmente suele salir triunfador en el duelo, ya que está en un momento verdaderamente excepcional. Pero hay veces en que Ponce saca la raza y opaca a El Juli (sin ir más lejos con la gran faena de Burgos). Lo mismo sucedía cuando decían que Lagartijo estaba acabado y, de repente, hacía un gran faenón que opacaba a Guerrita. Como decía Belmonte, en el toreo nada cambia; solo cambian los protagonistas.
Ayer se vivió en Bilbao un ambiente de gala con un llenazo. La plaza lucía bella y alegre, deseosa de ver una gran corrida de toros. Y la vimos, porque los toreros que verdaderamente son capaces de ofrecer a los aficionados grandes tardes son las auténticas figuras. Ayer las había en Bilbao y el público, que no es tonto, llenó la plaza, harto de medianías que, aunque tengan muy buena prensa, en realidad no son capaces de cuajar a los toros ni de convencer a nadie.
La corrida del Ventorrillo era una señora corrida de toros. De astifinísimas cabezas y enorme volumen. Ponce y El Juli se anunciaron en Bilbao con un corridón para que no se diga y para dar ejemplo. Luego en la corrida hubo de todo.
El peor parado en el sorteo fue Enrique Ponce. Le correspondió en primer lugar un toro que cabeceó mucho y se defendió por su poca fuerza. Prácticamente no pudo hacer nada con él. Y el cuarto era un enorme camión, muy manso y con gran querencia hacia los adentros. Después de una serie con la mano derecha el toro se rajó pronto y se fue hacia las tablas. Y allí empezó la denodada porfía de Ponce. Lo metió en el canasto con la mano derecha, cosa nada fácil porque el toro empujaba mucho hacia los adentros; pero con la izquierda no pudo conseguir ese nivel porque por ese pitón el toro arrollaba. Una faena meritoria con mucha casta, y eso que Ponce lleva veinte años en lo más alto. Ponce se niega a ceder el cetro. Mató de un bajonazo y, a pesar de que hubo petición, Matías con buen criterio, no concedió el trofeo. Y es que la suerte de matar es la suerte suprema, y para cortar orejas las estocadas han de estar en lo alto.
El poderío de Julián López El Juli es tal que le bastaron dos series con la mano derecha para acabar con su primer toro. Dos series mandonas por abajo hicieron que el toro se rajara, no quisiera saber nada y se metiera en las tablas. Y en quinto lugar salió un toro de Ortigao Costa noble y con calidad. El Juli le hizo una faena de las suyas, compacta, redonda, maciza, impecable, sin un solo enganchón y llena de muletazos largos y por abajo. Primero con la izquierda y después con la derecha, con su profundidad característica. Una cosa que me encanta de El Juli es lo bien que echa los engaños. Mientras los toreros malos se hartan a dar toques y andar con la muleta retrasada, El Juli simplemente la pone en el hocico y tira del toro hasta el infinito. Estocada caída con brinco en la ejecución, y una oreja, la primera oreja bien cortada de la feria. Las otras habían sido de verbena.

El Juli tiene una gran tenacidad profesional y una gran afición, y eso le ha llevado a torear a la perfección. Tanto con capote como con muleta El Juli ahora mismo representa el temple y la pureza. En lo único en que no ha evolucionado es en la estocada: sigue siendo un matador impulsivo que da un salto en el embroque. Hasta en eso es como Guerrita, igual de ambicioso, igual de perfecto, pero con el defecto de no ser un estoqueador depurado. Es simplemente eficaz, como lo era Rafael Guerra Bejarano.

Y acompañando a Lagartijo y Guerrita, estaba Antonio Fuentes, aquél del que dijo el Guerra “después de mí naide, y después de naide, el Fuentes...”. Antonio Fuentes representaba la elegancia. Y esa es, precisamente, la característica fundamental de José María Manzanares: la elegancia. Torero muy elegante y de gran porte y empaque. Hasta tal punto tiene porte y empaque que, con frecuencia, lo que hace parece mejor de lo que realmente es. Todo lo embellece con su distinción prodigiosa.
Manzanares se llevó un gran lote, dentro de una corrida del Ventorrillo descastada y mansa. Su primero tuvo quizás el defecto de no terminar de humillar al final del muletazo, pero era un toro muy pronto y repetidor. Y su segundo, aunque justo de fuerzas, tuvo mucha calidad y dulzura. Manzanares nunca está mal porque su empaque y su gran porte hacen que siempre se le vea con agrado, pero tiene poca ambición, como he dicho en otras ocasiones.
Ayer Manzanares debería haber armado una revolución en Bilbao, revolución que se hubiera producido ante los morros de Ponce y El Juli. Cortó una oreja, pero su lote era de tres o, incluso, de cuatro orejas. A su primero, después de dos series con la mano derecha demasiado atragantadas porque no perdió pasos, le dio una gran serie con la mano izquierda, llena de largura y templanza. Luego, cuando volvió a echarse la muleta a la derecha, la faena bajó de tono. El sexto, con mucha clase y nobleza y también con escasez de fuerzas, era un toro ideal para una obra perfecta de Manzanares. Y estuvo tan elegante y tan clásico como es él, pero eché de menos más toreo con la mano izquierda (solo hubo una serie breve), y series más profundas.
Manzanares es consciente de que es el torero de más clase del momento (si exceptuamos, claro, a Morante de la Puebla), y se beneficia de esta situación. Pero le cuesta apretar el acelerador. En este sexto toro esperaba una faena tan inconmensurable, como las que le hemos visto en Sevilla o en Zaragoza. Pero, sin estar mal, cortó una oreja cuando debería haber cortado dos. Por cierto, el estoconazo con que mató a este toro seguramente será la estocada de la feria.
Quiero consignar, por último, el gran par de banderillas de Juan José Trujillo al tercero de la tarde, que para sí hubiera querido el Vito.